El arca y las ilusiones semánticas

El cerebro humano, con apenas kilo y medio de peso y una consistencia como la de un aguacate maduro, es el procesador de lenguaje más impresionante que se conoce. Pero no es infalible, ni mucho menos. Digamos que tiene sus vicios o peculiaridades, como no podía ser de otra forma después de una evolución ciega durante millones de años. Capta el significado de una frase al vuelo, como quien dice, pero no lo hace después de procesar una a una cada palabra que lee o escucha, como haría una máquina, sino que lo hace más bien en bloque y de golpe.

Considere esta pregunta: ¿Cuántos animales de cada clase se llevó consigo Moisés en el arca? Aproximadamente, la mitad de la gente responde que dos, incluso después de releer la frase y saber a ciencia cierta que el constructor del arca bíblica no fue Moisés sino Noé. ¿Por qué entonces pasamos por alto una palabra tan fundamental para el sentido de la frase como es Moisés?

Los esfuerzos científicos y técnicos para conocer –y remedar en una máquina– el procesamiento natural del lenguaje empiezan a constatar que la gracia y la eficacia del cerebro humano reside precisamente en su superficialidad y su incompletitud. Aceptamos pequeñas distorsiones porque esto es lo más eficaz. Sus teóricos defectos resulta que son sus virtudes. Pero esta facilidad para captar los mensajes sin tener que procesar el significado de cada palabra, sino utilizando como plantilla alguna frase similar almacenada en la memoria es lo que da lugar a este tipo de errores o sinsentidos que se conocen como ilusiones semánticas.

La ilusión de Moisés es quizá la más conocida y estudiada en la bibliografía, pero hay otras muchas. Por ejemplo, cuando se pregunta: “¿Puede un hombre casarse con la hermana de su viuda?”, la mayoría de la gente responde que sí, sin percatarse que para un hombre muerto no es posible casarse con la hermana de su mujer ni matrimonio alguno. O cuando se plantea: “Después de un accidente aéreo, ¿dónde deberían ser enterrados los supervivientes?” Muchas gente empieza a considerar posibilidades de enterramiento sin darse cuenta de que no se está hablando de los muertos sino de los supervivientes.

El estudio científico del cerebro humano permite empezar a explicar estos errores de procesamiento. El análisis electroencefalográfico de la actividad cerebral de voluntarios expuestos a ilusiones semánticas ha revelado que el cerebro de estas personas no se percata de las palabras erróneas, según una reciente investigación del Economic and Social Research Council (ESRC) dirigida por Hartmut Leuthold, de la Universidad de Glasgow. Esta investigación (Using electroencephalography to characterise shallow processing in language comprehension) muestra además que las ilusiones semánticas son más frecuentes bajo condiciones de sobrecarga cognitiva, es decir, cuando la tarea que se realiza es muy exigente o se están haciendo varias cosas a la vez.

Para evitar estos errores, que pueden ser desastrosos cuando se está leyendo un documento legal para firmarlo, se puede recurrir a una serie de trucos, según este estudio, como resaltar o poner en cursiva las palabras clave de un texto, colocar las palabras importantes al principio de la frase porque las primeras se procesan mejor o utilizar la voz activa mejor que la pasiva. Y sobre todo, como sugiere Leuthold, evitar la multitarea cuando interesa comprender bien algo.

Foto: Clairity / Flickr

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