Molino de Ideas verdes. Hoy, cómo hacer pan en casa

Entre nuestros quehaceres molineros diarios, además del de lengüear, también se encuentra el de cocinarnos el pan de cada día, y últimamente nos lo hemos tomado al pie de la letra porque nos hemos aficionado a hacer nuestro propio pan. Es fácil, rápido, sanote y además resulta muy gratificante comer el pan que uno mismo ha amasado.

Aunque da un poco de perezota encender el horno con los calores del verano, es tan sencillo que no podíamos resistirnos durante todo el verano sin compartir la receta de nuestro pan casero, o mejor dicho, molinero. Con este post inauguramos una sección nueva en Crónicas, Molino de Ideas verdes, en la que iremos subiendo algunas labores artesanales y más o menos verdes que, aunque no están estrictamente relacionadas con la lengua, también forman parte del día al día en el Molino.

Panecillos molineros

Receta de pan molinero

Ingredientes

12g de levadura fresca (la mitad de una pastilla de las que venden en Mercadona)

5 tazas de harina de trigo (para hacerlo integral, mitad de harina blanca, mitad de harina integral)

2 tazas de agua

Un buen pellizco de sal

Un chorreón de aceite (opcional)

En un cuenquito, desmenuzar la levadura, añadir el doble de harina que de levadura y cubrir con un poco de agua. Disolver la levadura en la mezcla (quedará como una especie de papilla) y dejar reposar unos minutos. En un recipiente grande (que os permita remover sin que se desparrame todo; nosotros usamos una olla) echamos las cinco tazas de harina, la papilla de levadura que habíamos dejado reposando, el agua, la sal y el chorreón de aceite. Cogemos una cuchara de palo o similar, y removemos con garbo para integrar los ingredientes. La cantidad de agua puede variar según la consistencia que tenga la papilla de levadura: si nos quedó muy líquida, necesitaremos menos agua. Si estamos usando harina integral, necesitaremos más. En cualquier caso, no os precupéis, la propia masa os pedirá más o menos agua. Si notáis que la mezcla está arenosa, con grumos, o agrietada, significa que necesita más agua. Si en cambio la masa está muy líquida, necesitaremos un poco más de harina.

El truco del molinuco está en que, una vez integrados los ingredientes, cubrimos la olla con un pañito y lo dejamos reposar. El reposo contribuye a formar la miga y nos ahorra parte del amasado.  Los tiempos de reposo son muy variables, hay quien lo deja 30 minutos, otros esperan durante horas. Nuestra costumbre es amoldar el tiempo de espera a nuestras labores molineras en esos momentos y al tiempo que falte para la hora de comer. Una vez reposado, veréis que la mezcla se ha homogeneizado, estará más consistente y parecerá que se ha amasado sola. Podéis seguir removiendo, volver a corregir las proporciones agua/harina y de nuevo dejar reposar, o bien, si veis que la masa ya está lista, empezar a amasar. Para saber si la masa está lista tenéis que notar que al remover, la masa se despega de las paredes del recipiente formando una bola y que ya no está pegajosa.

Para amasar, espolvoreamos harina sobre una superficie plana, amplia y limpia (la mesa de la cocina, en nuestro caso) y volcamos la masa. Con las manos ligeramente enharinadas (para que no se os pegue) empezamos a amasar hasta tener una bola firme, uniforme y no pegajosa. Entonces ya podremos moldear el pan a nuestro gusto (en barra, en hogaza, etc), asegurándonos de que, sea cual sea la forma, la masa quede bien prieta, con la superficie tersa, no fofona y deshinchada. Nosotros solemos separarla en varias bolitas independientes para tener panecillos individuales, y así que quede bien hecho por dentro más rápido. Con un cuchillo bien afilado podéis hacerle unos cortes en la superficie, haciendo líneas paralelas, en forma de enrejado, en cuadrado o con la figura que se os antoje.

Lo metemos al horno precalentado (la superficie de la bandeja también enharinada) inicialmente a fuego muy fuerte, para ir bajándolo progresivamente hasta que ronde los 200º. Para conseguir una buena corteza hay quien además introduce en el horno una bandeja llena de agua para crear una atmósfera húmeda, o bien pulveriza el interior del horno con agua, pero sin este paso también queda estupendo. Estad ojo avizor, y cuando veais que la superficie está morenita y notéis un rico olor a pan (depende del horno, de la masa, de vuestro gusto… a ojo de buen cubero, diría que unos 30 minutos), es el momento de sacarlo.

Es preferible dejarlo enfriar un ratito antes de comerlo para que se termine de asentar y evitar abrasarse.

¡Y ya tenéis listo el pan moliero! Las variantes son infinitas, encontraréis un montón de recetas distintas tanto en procedimiento como en ingredientes. Esta versión es fácil, queda muy bien y no lleva mucho tiempo. ¡A disfrutarlo!

Hogaza molinera

 

 

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