“Somos como insultamos”. Retrato de insultos, improperios y blasfemias del español.

Insultos

Insultos, blasfemias, improperios y otras palabras malsonantes que aunque puedan escandalizar a quien los recibe, cumplen una función esencial en la comunicación: Defendernos y ofender al receptor con la palabra. Es una reacción natural de nuestra habla ante algo que no nos gusta. Y todas las lenguas dedican términos concretos para este fin. Por supuesto, en español, la riqueza “insultológica” es inmensa. Como muestra, el mismo DRAE nos deja ver la existencia de matices distintos entre blasfemia, insulto o improperio:

  • Blasfemia: Del latín blasphemĭa, y este del griego βλασφημία, en origen tiene que ver con decir palabras injuriosas a un dios, virgen o santo.
  • Insulto: Del latín insultus. Palabra utilizada para ofender a alguien provocándolo e irritándolo.
  • Improperio: Del latín improperĭum. Injuria grave de palabra, y especialmente la que se emplea para echar a alguien en cara algo.

Nuestros grandes literatos, Quevedo, Cervantes, Valle-Inclán, Galdós, Lope de Vega o Góngora supieron elevar el insulto a la categoría de arte, saliendose de lo vulgar y dotándolo de gran elegancia. En este sentido, contamos con una herencia enorme que deja imprescindibles pinceladas en el retrato de nuestra sociedad y que casi nos permite decir que “somos como insultamos”.

Son precisamente los grandes escritores, artistas del insulto, los que nos inspiraron a la hora de clasificar los niveles de nuestro Insultador molinero. Insultar al estilo de Unamuno, de Galdós, de Valle-Inclán y de Quevedo con solo un par de clics, generando curiosos insultos formados por un verbo en tercera persona del singular del presente de indicativo más un sustantivo en plural. Como resultado podemos regalar un ‘comprendepartidos’, ‘reutilizaofensas’, ‘trillalcoholímetros’ o ‘envaguecerresfriaduras’ a nuestro mayor enemigo.

Hace unos días, preparando el tema para el programa de RNE, La Noche en Vela, en el que colaboramos, una de nuestras amigas en Facebook nos comentó que podríamos haber incluido a la gran Maruja Mallo en los niveles del Insultador. Desde luego, la artista gallega, conocida por su carácter inconformista y transgresor, hizo méritos en un concurso de blasfemias del madrileño Café de San Millán, en el barrio de La Latina, lugar de encuentro de escritores y artistas de la época. La pintora, con su arte del insulto, logró derrotar al mismísimo Rafael Alberti en este duelo.

Otro aspecto que llama mucho la atención en el tema del insulto es el etimológico. Este nos permite conocer los orígenes, a veces sorprendentes, de este tipo de palabras. Como por ejemplo, ‘idiota’, que en su origen quería decir “uno mismo” y designaba al ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos en la Grecia antigua. Te invitamos a conocer el origen de ‘cretino’, ‘tonto’, ‘estúpido’, ‘mentecato’, ‘hortera’, ‘cafre’, y algún que otro insulto más en el podcast de La Noche en Vela. Y recuerda… si “somos como insultamos”, más nos vale insultar con conocimiento de causa:

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Fuente Imagen: Idigoras y Pachi

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