Satisfacción y la carga emocional de las palabras

satisfacción

Muchas veces ocurre que una palabra es difícil de definir hasta que viene la etimología a recordarnos el origen de su significado. Hagamos la prueba y cerremos los ojos por unos instantes intentando definir la palabra «satisfacción«. Quizá a más de uno, en lugar de venirle a la cabeza una definición aceptable del término, le habrá venido a la mente una hamaca,  el final de una tarea ardua, o la canción de los Rolling Stones (felices aquellos a los que se les pide que piensen una cosa y acaban pensando otra mejor). Pero volviendo a nuestro intento de definir «satisfacción», vemos que nos encontramos algunas trabas, que nuestra cabeza se llena de sensaciones, imágenes, quizá recuerdos… pero  la definición propia del término se resiste un poco más. Esto se debe a que las palabras con mayor carga emocional de alguna manera colpasan o dificultan, con dichas imágenes y sensaciones, nuestra capacidad para tomar la suficiente distancia como para describir o definir un término. Si hubiera pedido definir la palabra «bolígrafo» lamentablemente la mente no habría viajado tanto.

Sin pretender que nuestras mentes dejen de viajar la próxima vez que nos pregunten por la definición de «satisfacción», sino para dar recursos que nos permitan acertar dando una definición «satisfactoria» de dicha palabra, veamos que la etimología nos ayuda mucho. «Satisfacción» está relacionada con el verbo latino «facere» (hacer) y el adverbio «satis» ( suficiente). Es decir satisfacer significa hacer, conseguir o dar lo suficiente, como para quedar contentos.

Así que para aquellos torturados que comulguen con Mick Jagger y su «I can’t get no satisfaction«, les recomiendo tener presente la siguiente frase latina para que lo suficiente no sea inalcanzable:

«Parva seges, satis est» (Una pequeña cosecha es suficiente [para ser feliz]).

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