Reloj: Lo que coge las horas o la ‘r’ que comparten españoles y alemanes

La historia y la geografía de Europa se pliega sobre sí misma de manera continua. Sus lenguas y sus palabras se influyen, separan y se modifican entre ellas, dando saltos en el tiempo y de una región a otra. ¿Un ejemplo de ello? Reloj.

La pobre palabra tiene una etimología tan compleja que sospecho que la Real Academia desistió de contarla en su cortísimo apartado para el origen de las palabras. Mirando en Miniñol encontramos que sus traducciones en francés, portugués e italiano mantienen cierta similitud con la forma española (y de ahí el colorcito verde).

Si acudimos a Corominas nos señala que al español pasó del catalán antiguo relotge y este de la forma antigua horologium. Esto a su vez venía de hora (‘tiempo’) y logium (‘coger’ o ‘sabiduría’). Por lo tanto horologium significaba ‘lo que coge el tiempo’ o ‘lo que sabe el tiempo’. Si esa forma se hubiese quedado congelada a lo largo de la historia, ahora mismo diríamos algo así como *horalogia.

En latín podría ser horologium, pero algo raro le pasó a esa ‘o’ entre la ‘r’ y la ‘l’ (horologium). Algo raro porque en el único idioma que se mantuvo fue en el italiano: orologio. En el resto de idiomas pasó a ser una ‘e’: reloj, relógio; o simplemente desapareció misteriosamente: horloge.

¿Y el alemán Uhr? Pues en realidad también comparte etimología con todas estas palabras, porque Uhr viene del francés heure, que significa: ‘hora’. Es decir que la ‘r’ con la que acaba Uhr y la ‘r’ con la que empieza reloj fueron la misma letra, solo que hace muchos siglos y en extremos diferentes del continente.

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