Refranes: de la literatura a la lengua

La lengua es la depositaria del conocimiento de un pueblo. O eso se pensaba en el siglo XIX y así pasó a muchas teorías lingüísticas, a las que ya pusimos en su sitio. La lengua no ejerce ese papel de contenedor de sabiduría ni experiencia, eso es una feliz metáfora, poco más.

Poco más digo, porque algo de eso, poco pero algo, sí que hay. Será porque conocemos el cuento de Perrault que decimos menos lobos caperucita. “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?” se complementa con los otros tres endecasílabos del soneto de Lope de Vega “¿Qué interés te sigue, Jesús mío/ que a mi puerta, cubierto de rocío,/ pasas las noches del invierno escuras?”, aunque no los conozcamos. Primo de este refrán es el ande yo caliente y ríase la gente, versos de un poema de Góngora en el que la primera parte del refrán va contestando cada estrofa. Y siguiendo con el Siglo de Oro (podríamos hacer un post completo sobre refranes en el Quijote, pero suficiente atención han recibido), mencionaremos el perro del hortelano, que antes que una obra de Lope de Vega fue un refrán, como se documenta en el CORDE.

Si hablamos de tradiciones, libros y refranes tenemos que señalar la Biblia como fuente de muchos refranes: hágase la luz, ojo por ojo, diente por diente, ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio o el que esté libre de pecado que tire la primera piedra provienen de diferentes pasajes de la Biblia. Estos refranes se complementan con muchos otros que ha ido dejando la tradición católica con la virgen (devoto de la virgen del puño), los sant@s (sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena) o Dios mismo (Dios da pan a quien no tiene dientes), entre otros.

Y nos quedamos retraídos esos 2000 años para fijarnos en otra tradición que ha dejado ciertas oraciones casi refranes y que conservamos en latín, como tempus fugit, carpe diem collige, virgo, rosas.  Estos dos últimos suenan tanto en latín como en español: aprovecha el momento o coge, niña, las rosas. De igual manera tanto suena veni, vidi, vici como vine, vi y vencí.

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2 ideas sobre “Refranes: de la literatura a la lengua

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