¿Qué fue antes la sílaba o la tilde?

Esta pregunta parece tener fácil solución, en el lenguaje prima la oralidad, la escritura es un invento extraordinario para congelar, conservar y transportar la lengua oral en el tiempo y en el espacio -entre otras cosas-, aunque quizá en la sociedad actual se ha perdido en gran medida la primacía de la oralidad frente a la escritura.

En Molino Labs tenemos por un lado el Silabeador, en el cual se necesita la correcta acentuación de una palabra para poder silabear bien. Por otro lado tenemos el Acentuador, en el que se pide silabear la palabra para poderla acentuar bien.

Parece lógico pensar que si uniésemos ambas herramientas obtendríamos una que acentuara y silabeara cualquier palabra al mismo tiempo sin necesidad de que el usuario indicase nada. Pero no es así, porque si nos damos cuenta, para acentuar necesitamos saber cómo se silabea y para saber cómo se silabea necesitamos saber cómo se acentúa. Es el conocimiento del usuario lo que permite salir de ese bucle, o bien tiene que haberla visto y saber cómo se escribe, o haberla escuchado y por lo tanto saber dónde está la sílaba tónica (o inventarla y hacer las veces de creador de su forma final).

En cualquier caso, lo interesante de ambas herramientas es que trabajan aplicando las reglas del idioma, no a partir de una base de datos cerrada en la que se tiene una información finita. Estas herramientas ofrecen un conocimiento infinito (pues infinitas son las palabras que potencialmente se pueden crear); y flexible, ya que permiten introducir palabras inventadas y saber cómo se van a pronunciar, y escribir.

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