Mucho, muchos, muchas, mucha: promiscuidad funcional

Casa es sustantivo, guapo es adjetivo, rápidamente es adverbio.

Algunas palabras se amoldan cómodamente a las cajitas gramaticales que nosotros mismos hemos creado para clasificar palabras. Pero no todo el monte es orégano, y las palabras que se resisten al corsé morfológico son legión. ¿Qué es tal? ¿Ningún es lo mismo que ninguno? ¿Y cualquier que cualquiera? Hay un batiburillo de palabras que por sí mismas no parecen significar nada, que existen atadas a la convivencia sintáctica y que parecen levitar en un limbo de anarquía categorial.

Pongamos el aparentemente anodino mucho.

1. Quiero mucho pan

2. Quiero muchos panes

3. Te quiero mucho

4. En Cuba perdió mucho dinero

5. En Cuba perdió mucho

El mucho de 1 y 4 parece ser el mismo: mucho es un cuantificador que se combina con un sustantivo incontable (pan y dinero). El muchos de «muchos panes» me parece distinto, aunque no acabo de saber por qué. No puedo aplicar mucho en singular a algo que no sea incontable sin cambiar el significado. Por ejemplo en «en el parque hay mucho niño» parece que estamos incontabilizando a niño, como si pasase a ser una sustancia que se expande por el parque, más que una suma de individuos más o menos revoltosos pero contables.

De primeras me pareció que la 3 y la 5 eran análogas, pero tras un rato de rumie reconozco que no lo tengo muy claro. En «te quiero mucho» parece que el mucho sea un cuantificador de mi amor hacia ti, es decir, lo que en mis épocas de bachiller habría llamado un adverbio haciendo de Complemento Circunstancial de Cantidad. De hecho, puedo omitirlo y dejarlo en «te quiero», más o menos la cosa viene a ser lo mismo (dejando al margen que el receptor de mis amores quizá se quede menos emocionado).  Sin embargo, esto mismo no puedo hacerlo en la 5. «En Cuba perdió» no me parece equivalente a «En Cuba perdió mucho» y mucho menos a «En Cuba perdió mucho dinero» («En Cuba perdió» me suena bien en un contexto deportivo, como en «La selección perdió en Cuba», pero en ningún caso lo admitiría con el significado de sufrir pérdidas vitales, económicas o de otro tipo). No veo que el mucho sea prescindible en esa oración, así que sospecho que se trata de algo como un ¿pronombre? haciendo de Complemento Directo del verbo perder, que para algo es transitivo (querer también lo es, pero para eso tiene su te ahí puesto).

Así que me encuentro con mucho siendo algo semejante a un cuantificador de lo innumerable (1 y 4), un pseudonumeral (2), un cuantificador de intensidad verbal (3) y un pseudopronombre (5). La cuestión es que no sé establecer una correspondencia entre estas características y las categorías morfológicas tradicionales. Qué desazón.

Seguiremos investigando. Próximamente, el desenlace.

Nota: cualquier ayudita, sugerencia o corrección en los comentarios se agradece.

2 ideas sobre “Mucho, muchos, muchas, mucha: promiscuidad funcional

  1. MCT dice:

    Modestamente, creo que la morfología nada tiene que ver con la semántica. Ser cuantificador creo que no equivale a pertenecer a una categoría gramatical. Una expresión nominal puede ser un cuantificador «gran cantidad de», o un determinante «tres (copas)» o un pronombre… ¿Por qué tiene que haber una correspondencia unívoca entre la semántica y la morfología? La diferencia entre «Cuba perdió/Te quiero» y «Cuba perdió mucho/Te quiero mucho» está en «mucho» o está en la semántica de los verbos ‘querer’ y ‘perder’?

  2. Carlota dice:

    ¡Interesante, interesante! No acabo de estar de acuerdo con MCT… Creo que «mucho» sí que influye en la diferencia entre «En Cuba perdió mucho» y «Te quiero mucho»; la prueba es que en el último caso es invariable («*Te quiero mucha»), pero en el primero no: «En Cuba perdió mucha/muchos», siempre que el contexto nos permita recuperar el referente, claro. Eso me dice que en 5, «mucho» es un pronombre (¡que tiene hasta género neutro!), pero que en 3 no lo es. Ni idea de qué es, pero ya se sabe que cuando algo es invariable y no está en la lista de preposiciones… Pasa a la caja de los adverbios, ;).

    Coincido en que el de 1 y 2 no parecen el mismo… Quizá sea porque no estamos acostumbrados a que la flexión de número marque la diferencia entre contrable/incontable. ¡La prueba es que en inglés usan dos palabras distintas: much y many!

    Que me enrollo, en resumen; ¡qué apetecible el desenlace!

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