Marcas registradas en el diccionario o La importancia de llamarse Bimbo

Las empresas cuidan con gran celo los nombres de sus productos. Incluso existen profesionales dedicados exclusivamente a crear nombres adecuados y con gancho. Aunque la rosa huele igual bajo cualquier otro nombre , quizá buena parte del éxito de un producto resida en el ingenio de los comerciales al bautizar a la criatura. Sin embargo, también es posible morir de éxito cuando el producto se vuelve tan famoso que el nombre deja de designar una marca concreta y denomina a cualquier objeto del mismo tipo, sea de la marca que sea.

Existen multitud de ejemplos de marcas registradas reconvertidas en vulgares nombres comunes, muchas de ellas tan avaladas por el uso que tienen su hueco en el diccionario, tras no pocos quebraderos de cabeza.  Un caramelo pegado a un palo será un chupa-chup, lo fabrique quien lo fabrique. Los papelines amarillos siempre serán post-it o (RAE mediante) pósit (¿cuál es  su plural? ¿pósites? ¿pósits? ¿pósit?). Y la máscara de pestañas sólo se denomina así en los anuncios, porque en el mundo real siempre será rímel, por mucho que le pese a la casa Rimmel. La lista sigue casi ad infinitum, plagada de viejos conocidos: celo, tabasco, aspirina, vaselina, termo, claxon, jacuzzi, tiritaplastilina, formica, futbolín, támpax… Algunos son tan cotidianos y su uso como nombre común se ha generalizado tanto que casi sorprende saber que un día fueron una marca comercial.

Los fabricantes se resisten como gato panza arriba a que sus preciados nombres se devalúen y pasen a ser comunes nombres comunes. Sin embargo, el proceso es constante y frecuentemente irreversible. De hecho, hay un buen ramillete de marcas registradas que a día de hoy están a medio camino entre el nombre propio y el común. Hace poco debatíamos apasionadamente sobre si cualquier crema de chocolate untable  es nocilla aunque sea de Hacendado. Otro caso es Bimbo. Su uso no está tan extendido como para lucir palmito en el diccionario (aún), pero en los registros empieza a verse como sinónimo de pan de molde con alarmante frecuencia.

Ante la incontestable realidad de que bimbo va camino de ser un nombre de  marca más caída en desgracia, la panificadora ha contraatacado con un anuncio bastante decente: Mi pan bimbo, que sea Bimbo. Un buen eslógan para representar con dignidad una inminente realidad sin retorno.

Un camión de Bimbo aparcado junto al Molino

4 ideas sobre “Marcas registradas en el diccionario o La importancia de llamarse Bimbo

  1. Araceli dice:

    Entre nombres te veas, será la habilidad de negociar tradiciones con encanto. Saludos.

  2. sara dice:

    Maicena está registrado en el diccionario y además lo hemos importado 🙂 (aunque la marca se escribe con Z)

  3. dalet dice:

    Curioso por cierto cómo eso cambia por países… Para nuestros vecinos de Portugal, el pan de molde por antonomasia es el “panrico”.

  4. Pato dice:

    En todos los países debe haber casos similares. En Chile, hay varios casos en los que el nombre de la marca identifica genéricamente al producto. Por ejemplo, el papel higiénico es el “Confort” y el papel absorbente (que se emplea en la cocina) es la “Toalla Nova”. Siempre estos casos llaman la atención: cuando llegué a España no podía entender que los pañuelos desechables eran los “Kleenex”.
    ¡Saludos!

Deja un comentario