La morfología de los morfologueros

¿Qué es la morfología? Es la rama encargada de estudar la forma de las palabras. Sin embargo, la morfología está excesivamente ocupada en analizar palabras ya existentes, en lugar de encargarse de estudiar las reglas de formación de palabras. Un buen sistema morfológico no debería contentarse con trocear palabras que ya existen, sino que también tendría que poder dar cuenta de la solidez de la estructura de una palabra inventada.

¿Os imagináis una teoría sintáctica tan restringida que sólo pudiese analizar oraciones que han sido previamente pronunciadas o escritas?  Pienso en:

El huevo Kinder gigante sonrió benevolente, y de repente, una manada de bicicletas salvajes brotó de las faldas del pingüino que miraba incrédulo el espectáculo, sin saber si reír o llorar.

Busco en Google. No parece que alguien la haya producido alguna vez, o al menos parece poco probable, pero, a pesar de lo insólito de la oración, ni pienso que por ello esté mal construida ni que sea una aberración sintáctica.  Un buen analizador sintáctico la analizaría sin problemas, y no creo que un corrector automático la marcase como incorrecta. Si bien es semánticamente disparatada y me arriesgaría a decir que es inédita, nunca pensaría que fuera sintácticamente incorrecta. Nadie entendería que se diese por inválida una oración por el simple hecho de no haber sido pronunciada antes.  Sin embargo, este razonamiento sí lo aplicamos en morfología.

No basta sólo con poder analizar lo que ya existe, lo que el uso ha refrendado. Los neologismos (es decir, las palabras de nueva creación) son el pan de cada día de la morfología, y surgen en cualquier campo: mileurista, cibersexo, tuitear, googlear, magufo, nivearse, quincemayista. Algunos se consolidan y logran hacerse un hueco en el vocabulario permanente de una lengua; otros son efímeros y se olvidan con rapidez, pero en cualquier caso, pervivan o mueran, la morfología debe poder dar cuenta de ellos.

La mayonesa de los mayoneseros

Este anuncio de mayonesa que inunda las pantallas y las marquesinas de media España es una fuente estupenda de neologismos. ¿Tiene sentido que una palabra como mayonesero aparezca marcada bajo el mismo subrayado amonestador de Word que la «palabra» ywetriqwtrqr? No parece que tenga mucho sentido, pero ocurre. Mayonesero es una palabra bien construida, como lo son dominguero o cervecero. Hay una diferencia entre «esta palabra no la he oído nunca» y «esta palabra está mal construida», pero ni en la teoría morfológica ni en las aplicaciones prácticas (correctores, detectores, analizadores) se refleja esta diferencia abismal. Los publicistas del simpático anuncio de la mayonesa han lanzado, sin buscarlo (supongo), un guante a los morfólogos de ringorrango, aunque sospecho que no lo recogerán.

Ahora bien, no estamos diciendo que sea lo mismo que una palabra esté bien formada a que una palabra esté admitida en el uso. Pero sería un gran avance contar con herramientas que discernieran entre lo que está bien construido y lo que no, lo que podría ser una palabra y lo que no: un buen analizador morfológico integrado dentro de un corrector automático podría servir de avanzadilla del diccionario, cubriendo provisionalmente los huecos vacíos que la labor lexicográfica tarda en cubrir.

Por ejemplo, el corrector de Word no reconoce la palabra conjugador ( palabra que, por cierto, aparece en el DRAE como propuesta para la próxima edición). El de Google Chrome tampoco (probad a escribirla desde Gmail). Lo suyo sería que el corrector automático de gigantes como Microsoft o Google contara con un diccionario completo y constantemente actualizado, pero perdonémosles el despiste. Aun no teniendo un diccionario completo (hasta el mejor de los diccionarios siempre va un paso por detrás de los hablantes), si tuviera integrado un analizador morfológico en condiciones, al corrector le bastaría con tener el infinitivo conjugar para saber que conjugador es admisible (frente a otras variantes como *conjugasor, *conjugator, *conjugor o *conjugactor, que son morfológicamente inviables). Quizá sea pedir filigranas, pero ante una palabra desconocida, el analizador morfológico, una vez comprobada la validez de la estructura morfológica, incluso podría comprobar la frecuencia de aparición del neologismo (en un corpus, en diccionarios de frecuencia, en Google mismo), y en función de lo frecuente que sea, marcarlo de una manera u otra. Por ejemplo, aunque conjugador no apareciese en su diccionario, el corrector podría comprobar que no sólo es una palabra morfológicamente válida, sino que además es relativamente frecuente, y por lo tanto darla como buena, o marcarla con un color poco amenzante, quizá en verde. En cambio, mayonesero, aunque también correcta, podría ir con alguna advertencia de que su frecuencia es algo menor, en naranja. Las que estuvieran mal construidas y además tuvieran frecuencia nula, como ywetriqwtrqr, aparecerían en rojo.

Un corrector así superaría con creces a cualquier corrector que funcionase sólo con diccionarios, y le sería mucho más útil al usuario, ya que estaría preparado para cubrir los huecos que el diccionario no cubra, así como para bregar con los neologismos, y admitiría lo mismo que admite un hablante, descartando lo mismo que rechazaría un hablante.

En todo esto andamos trabajando en el Molino, así que los interesados en un buen analizador morfológico para integrarlo en su editor o sistema de OCR ya saben con quien tienen que hablar… 😉 Permanecemos a la escucha.

3 ideas sobre “La morfología de los morfologueros

  1. Ksenia dice:

    Estimada Elena!
    ¡Sus artículos me encantan!

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