La convivencia de las palabras: cienpies, cienpiés o ciempiés

La convivencia en los pisos compartidos pasa por el respeto a unas normas básicas. También ayuda tener cierta tolerancia a las particularidades de cada uno de los compañeros. Yo friego los días pares, tú sacas la basura los impares, a Menganito mejor no hablarle cuando se acaba de levantar y el tendedero no es un expositor de prendas ni el lavavajillas una alacena.  La relación entre partículas que comparten palabra no es muy diferente a la de compañeros de piso.

Un ejemplo de esto es la palabra ciempiés, constituido por, oh sorpresa, las unidades cien y pies. Cuando estas dos unidades (bastante dispares pero bien avenidas) deciden formalizar su relación y cohabitar, ambas deben hacer ciertas concesiones al otro en aras de la convivencia pacífica y el decoro morfológico. Para dar su beneplácito a esta convivencia, las leyes de la morfología exigen que se respeten dos condiciones básicas del español:

1. Antes de P y B se escribe M, nunca N.

2. Las palabras agudas terminadas en S llevan tilde.

Y así, cien renuncia a su N final y la convierte en M para cumplir la primera regla, y a su vez pies se pone un gorrito acentual para cumplir la segunda. Y así, en lugar de *cienpies (que es fracuente pero incorrecta) obtenemos ciempiés.

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