Glico- vs gluco-, o la vocal que cruzó los mares

[Nota: gracias a Javier y a Lola Pons por sus aportaciones al post]

En español tenemos cinco vocales, bastante pocas si comparamos con otras lenguas de nuestro entorno. ¿Qué ocurre cuando importamos una palabra de fuera que contiene sonidos vocálicos que no se encuentran entre nuestros sonidos habituales? En general, no es problema, porque, como compartimos alfabeto con la mayor parte de nuestros vecinos, solemos mantener la grafía y pronunciarlo à lo Spanish. Por ejemplo, en los últimos años se ha colado en nuestros noticieros la palabra alemana Gürtel (que significa «correa»). En principio la Ü de la palabra Gürtel no es equivalente a la española, sino que es más cerrada y se pronuncia como las úes francesas de boquita de piñón. Como nosotros no tenemos ese sonido, hacemos nuestra U de toda la vida y a volar.

Pero, ¿qué pasa si no sólo incorporamos otro sonido, sino que además la grafía no existe en nuestra lengua? En este caso, no podemos «simplemente» pronunciar la letra a nuestra manera porque no tenemos ninguna manera nuestra de pronunciarla: al no haber equivalencia de alfabetos, la letra no representa ningún sonido para nosotros. Esto fue más o menos lo que ocurrió con la vocal griega Y (ípsilon). La Y en griego clásico se pronunciaba como la Ü alemana y la U francesa, y como los latinos no disponían de una letra para representar ese sonido, optaron por dejarlo tal cual, añadiendo un grafema más a su alfabeto. Como consecuencia, las palabras latinas que llevan una Y son siempre de origen griego, como symbolum, hydra o typhon

No sabemos con certeza cómo se pronunciaba el latín, pero no es descabellado aventurar que, si bien mantuvieron la grafía helenizante para estas palabras, probablemente el latín vulgar no mantuvo ese sonido de U en boca de piñón que era extraño para los latinos. Es un proceso semejante al que hemos hecho nosotros con la palabra inglesa stop: mantenemos su escritura original, pero eso de las S líquidas a principio de palabra no es made in Spain, así que optamos por lo que más se parece a nuestra pronunciación habitual, que es pegarle una hermosa E protética delante y pronunciar /estop/, que es mucho más cómodo para nuestros ibéricos paladares. En el paso del latín al español, perdimos la grafía Y para representar a la vocal (nuestra Y actual es posterior, y lo que representa es una consonante como en yayo, o una I en posición final como en rey, pero en ningún caso representa un sonido vocálico distinto), y tuvimos que escoger el equivalente más parecido para sustituirla.

Y ahí es donde se monta la zapatiesta: ¿cuál es el sonido latino más parecido al Y del griego? Solemos asociarlo con nuestra U, pero lo cierto es que  fonéticamente el sonido Y es un cruce entre una I y una U, una I con los labios abocinados (truco para pronunciar este endiablado sonido: pronuncie una I poniendo morritos de Jessica Rabbit, et voilà), y esto ha hecho que algunos derivados del sonido Y  griego hayan acabado metamorfoseándose en U y otros en I. La familia de la palabra glucosa y sus derivados técnicos son un buen ejemplo: tenemos derivados en u, como glucosa, glucemia, glucógeno… y derivados en I como glicoproteína o glicerina. Y también tenemos dobletes, como glicólisis y glucólisis. Todas son hijas de la raíz griega γλυκ, «dulce», algunos pasados por el filtro del inglés (que en estos neologismos suele preferir mantener la grafía Y y el sonido /i/) y representan el intento de la pronunciación latina por amoldar un sonido que les vino de fuera.

8 ideas sobre “Glico- vs gluco-, o la vocal que cruzó los mares

  1. Eduardo dice:

    Un post de 10 ¡sí señor!

    «M’ancantao» 😉

  2. anelezeravla dice:

    Me alegro, mister.

  3. Javier dice:

    Buena entrada. Solo dos apuntes, si me permites:
    – Esa «e» de stop es protética, no epentética (que más propiamente sería meter un sonido en medio de la palabra).
    – Por otro lado, por testimonios de gramáticos ya antiguos, sí que se puede deducir que la «y» griega (más bien, ática) era pronunciada por los romanos cultos/helenizados como la «ü» alemana, y de hecho tenía su propio nombre: sonus medius. Entre los romanos menos cultos es de suponer que sí que vacilaría la pronunciación entre «u» e «i», con más tendencia a la «i».

  4. mortema dice:

    Yo tengo dudas con el tema de la epéntesis y la prótesis, en las asignaturas de fonética siempre me lo explicaron tal como comenta Javier, y desde luego que etimológicamente y en cualquier manual así se encuentra. Pero también es verdad que cuando estudié griego y latín las solían llamar a ese tipo de apoyos vocálicos, (como ocurrió en spatam> espada), «e» epentética… en cualquier caso tanto la entrada como los comentarios me parecen muy interesantes 🙂 ¡gracias!

  5. ¡Aprendiendo sobre química en el molino! ¡Esto es un no parar, chicos! 😀

    y sí, el post me ha gustado mucho 🙂

  6. Carles Mateu dice:

    Una cosa typhoon te refieres a las tormentas tropicales, si es así, el nombre no proviene del griego sinó del chino o japonés (Táifēng o tai-fū).

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