El Miniñol o ¿se puede evitar la circularidad en los diccionarios?

Ya nos explicó José Calvo en un post en qué consiste la circularidad en los diccionarios. Es el hecho de que una palabra esté definida con otra cuya acepción, a su vez, contenga la primera palabra buscada. X es YY es X. Este vicio se puede mantener entre dos o más integrantes: X es Y, Y es Z, Z es A y A es X. El círculo se hace más grande, y con él, el vicio.

¿Es necesario que los diccionarios sean circulares? La gran María Moliner opinaba que no, y por ello estableció un sistema para evitarlo. Creó una especie de conos en los que organizaba ontologías de conceptos. La definición de un término suponía la pertenencia a una clase superior más una característica diferenciadora. Por ejemplo, un mamífero sería ‘un animal’ (clase general) ‘que pare’ (detalle diferenciador). Con esto pretendía evitar esos problemas de circularidad.

En Molino de Ideas hemos pensado en ello también, pero abordamos el problema con un sistema diferente. En vez de utilizar una estructura lógica, recurrimos a un doble criterio.

  • En primer lugar, las palabras más frecuentes se definen antes que las palabras menos frecuentes. Esta decisión responde a la suposición de que una palabra más frecuente es más conocida por los hablantes que una palabra menos frecuente.
  • Por otra parte, nos marcamos como propósito definir los conceptos más generales antes que los más específicos.

Por poner dos ejemplos sencillos para ilustrar esto, fijémonos en que, por el primer criterio, cosa se definiría antes que artefacto y en que, por el segundo, coche se definiría antes que descapotable.

Partiendo de estos criterios creamos diferentes capas de palabras. Cada una de ellas solo puede usar palabras de las capas anteriores para definirse, de tal manera que parece que podríamos olvidarnos del problema de la circularidad. Pero ocurre que en la capa la más interna las propias palabras de ese grupo se usan para definir otras palabras de ese grupo. ¡Y se nos ha vuelto a colar la circularidad!

¿Cómo lo hemos solucionado? En primer lugar, evitando los sinónimos: en ese grupo no hay sinónimos. En segundo lugar, dentro de esta capa más interna, definiendo los conceptos más abstractos y generales primero, y los más concretos después. Esta tarea conllevó una revisión exhaustiva de las definiciones, y es que las palabras más básicas son las que más problemas dan a la hora de definirlas evitando la circularidad.

Lamentablemente el diccionario que proponemos no está completamente desarrollado, pero lo más difícil ya está hecho: tenemos el Miniñol, el círculo primigenio. Está formado por unas 1000 palabras divididas en dos grupos. El llamado Microñol lo conforman 700 términos que aparecen en definiciones de otros términos del Miniñol. El otro grupo contiene unas 300 palabras que aparecen en definiciones de otras entradas de esta capa interna.

Resumiendo, ¿qué hemos conseguido con esto? Tenemos 1000 palabras con las que pueden definirse todas las palabras del español sin caer en la circularidad conceptual. De ello se sigue que con estas 1000 palabras basta para garantizar la comunicación efectiva. ¿No te lo crees? Mira nuestro diccionario de refranes, que utiliza en sus definiciones solo palabras de Miniñol.

Esperamos tener tiempo y recursos para seguir con el monstruo porque todavía queda mucha tela que cortar. Un buen camino para emprender sería tomar como unidad de análisis, como elemento de cada capa, no palabras sino binomios palabra-significado, ya que en numerosas ocasiones perdemos información relevante si tomamos las entradas del diccionario, con todos los significados que indexan. Por ejemplo, trabajando con la palabra banco y todos sus significados estamos agrupando banco como ‘conjunto de peces’, que constituye una unidad no básica, y banco como ‘lugar para sentarse’, que es mucho más común.

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