El miedo se puede cortar

Supersticiosos o no, el celuloide ha hecho que cuando el calendario muestra un viernes 13 todos lo miremos un poco a distancia, desde lejos, con cierta reticencia. No es que vaya a aparecer Jason con una motosierra, claro, pero… pero. Y es que el miedo ha alcanzado un estatus que sobrepasa  las fronteras marcadas para otros sentimientos. Incluso a nivel lingüístico.

Algo me hace gracia. Algo me hace llorar, o me pone triste. Hay sentimientos con verbo propio, algo me desasosiega o me tranquiliza (o me entristece). Pero algo me da miedo. Un chiste no me da risa, una mala noticia no me da desasosiego, pero el miedo lo tengo, lo cojo con la mano. Yo tengo miedo, no tengo amor, no tengo tranquilidad. Sí, puede que un humorista tenga gracia, pero no es él quien se ríe, sino su audiencia, así que estamos ante una metáfora distinta (igual que el que tiene amor, que lo da a los demás). El miedo sí es mío, va por dentro. Para la lengua el miedo es algo físico; es un sentimiento tan poderoso que se hace tangible, y alguien puede incluso meternos miedo o pegarnos un susto de muerte.

Quizá el miedo sí sea el sentimiento más humano, con el que más cómoda trabaja la lengua. Porque el amor se siente, es infinito, eterno, incluso se personifica (las parejas se dicen mi amor), pero si un día veis a alguien con una sonrisa en la cara no le vais a decir “oh, parece que tienes mucho amor”. Como mucho, “tienes mariposas en el estómago”.

Así que cuidaos mucho este viernes 13, y no tengáis miedo, que mañana ya es sábado y todo habrá pasado… ¿O no?

4 ideas sobre “El miedo se puede cortar

  1. Carlos dice:

    Muy interesante. Sólo quería decirles que en mi dialecto de español (rioplatense) un chiste sí puede dar risa.
    Saludos

  2. Rubén dice:

    ¡Hola Carlos! No deja de ser curioso, ¿no? Parece que los sentimientos se tienen o se sienten en función de muchos valores, más allá de lo que la lingüística pida. Gracias por tu comentario 🙂 ¡Un abrazo!

  3. Hola, hablo español americano ecuatorial andino central,
    o sea vivo los Andes, a la altura de la mitad del mundo: latitud 0º.
    Este blog, me está pareciendo sensasional, sobre todo porque trata a la lengua como un utensilio cultural que sirve para algo más!
    Investigo sobre las emociones y la forma en que se las nombra,
    partiendo del sentido y en la manera en que nos ayudan a configurar nuestras cosmovisiones.
    En cada lugar se siente diferente y se dice diferente, pero tenemos un código común:
    El humano.
    Que las lenguas, antiguas y nuevas nos sirvan para construir el futuro que estábamos destruyendo y afortunadamente nos dimos cuenta.

    • Gracias, Ricardo, todas las variedades enriquecen y todas las lenguas aportan, desde las más antiguas, hasta las artificiales, desde las que hablan miles de personas a las que hablan dos personas, porque todas nos ayudan a entender un poco más como es el ser humano, que le preocupa y como algunas cosas que nos parecen imprescindibles no lo son tanto.
      Con ganas de visitar ese punto de latitud cero, donde el norte es el sur y el sur es el norte!

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