Cinco estaciones y un calendario que no comienza en enero

Basta con fijarse con algo de detenimiento en las palabras que forman el calendario para encontrar en él la huella de la herencia romana y de los diversos hechos históricos que fueron moldeándolo. Nuestro año actual comienza en enero, pero los romanos pusieron a marzo como primer mes. Marzo, que toma su nombre de Marte, el dios de la guerra, es el mes en el que da lugar el comienzo de la primavera, que es periodo en el que la naturaleza vuelve a la vida y alcanza su mayor esplendor. Esto hace que nos pueda parecer lógico que le dieran a marzo el papel de inaugurar el año.

Siguiendo con la herencia romana, si marzo era el primer mes, entendemos que septiembre, octubre, noviembre y diciembre se llamen así, ya que eran los meses séptimo, octavo, noveno y décimo respectivamente. También había mes quinto o quintilis, y sexto o  sextilis, pero se sustituyeron posteriormente por los nombres de julio, para honrar a Julio César; y agosto, en honor de César Augusto.

El resto de meses, a excepción de febrero, que viene de februa (festival romano de purificación), toman su nombre de una deidad. Enero (ianuarĭus) honra al dios Jano;  abril parece honrar a Apru, que es el nombre en etrusco de la diosa Venus; mayo a la diosa Maia; y junio a la diosa Juno.

Las estaciones del año también esconden sus pequeños secretos. De entrada, y para sorpresa de algunos, eran cinco y no cuatro estaciones. Así nos lo describe Cervantes en un pasaje del Quijote:

Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten.

Primavera, verano, estío, otoño e invierno eran los cinco períodos estacionales del año. Verano ganó la batalla a estío, a pesar de que es el estío el momento más caluroso del año, se extendió el uso de verano para denominarlo. El estío, aunque aparece como sinónimo de verano en el DRAE, ha quedado relegado a usos más literarios. Sin embargo, sí es frecuente encontrar el uso de “periodo estival” para hacer referencia al verano.

Verano viene del latín ver, que es el periodo de calor suave, que correspondería con nuestra actual primavera. Y Primavera, que viene de prima y ver, sería el primer periodo de calor, previo al verano. Otoño viene de autumnus, aumento o crecimiento, es decir, que llega la plenitud del año; e invierno de hibernum, del que también procede ‘hibernar’.

El calendario y el concepto de tiempo han inspirado a nuestro refranero y podemos encontrar gran variedad de expresiones populares sobre esta temática: «En martes, ni te cases ni te embarques», «en abril aguas mil«, «cuando marzo mayea, mayo marcea«…

Os invitamos a descubrir más curiosidades, etimologías y refranes sobre el calendario en el podcast de La Noche en Vela (RNE):

 

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