B de Bendetta

Hoy nos ha dado por defender ideas polémicas, como que no necesitas ser un gafapasta para apreciar el cine en versión original. Lo decimos por lo que te perdiste cuando viste en el cine la peli favorita de todo miembro de Anonymous: V de Vendetta. Resulta que al principio de la peli, cuando el señor de la máscara pálida y bigotuda salva a la Princesa Amidala del ataque de unos malechores, se presenta ante ella con un discurso que, aparte de notarse que lo traía preparado de su casa, está plagadísimo, solo en su versión original, de un sonido desconocido para nuestras orejas y lenguas hispanas:

Voilà! In view, a humble vaudevillian veteran cast vicariously as both victim and villain by the vicissitudes of Fate. This visage, no mere veneer of vanity, is a vestige of the vox populi, now vacant, vanished. However, this valorous visitation of a bygone vexation stands vivified and has vowed to vanquish these venal and virulent vermin vanguarding vice and vouchsafing the violently vicious and voracious violation of volition! The only verdict is vengeance; a vendetta held as a votive, not in vain, for the value and veracity of such shall one day vindicate the vigilant and the virtuous. Verily, this vichyssoise of verbiage veers most verbose, so let me simply add that it’s my very good honor to meet you and you may call me «V«.

Nada menos que 52 de estos soniditos. Veamos ahora su traducción al español:

¡Voilà! A primera vista un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino, este “visage” ya no más velo de vanidad es un vestigio de la vox populi ahora vacua, desvanecida. Sin embargo esta valerosa visión de una extinta vejación se siente revivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que vela por los violentos viciosos y por la violación de la voluntad. El único veredicto es venganza, vendetta, como voto, y no en vano, pues la valía y veracidad de ésta un día vindicará al vigilante y al virtuoso. La verdad, esta vichessois de verborrea se está volviendo muy verbosa. Así que solo añadiré que es un verdadero placer conocerte y que puedes llamarme V».

Un poco soso, ¿no? Espero que entre nuestros queridos lectores no haya quien se sienta mal porque de pequeño no le enseñaron a hacer la diferencia entre la be y la uve, porque lo que hicieron fue, precisamente, enseñarle español. En efecto, prácticamente desde que existe la lengua de Cervantes nunca hemos hecho tal distinción: ambas letras han representado el fonema /b/. (Míralo por el lado positivo: ¿qué sería de las reuniones familiares sin un buen chiste de vacas y bacas?). En algunos países de América Latina, por cierto, son más realistas que nosotros: a la uve la llaman be corta.

Llegado a este punto, nuestro departamento de fonetistas pedantes nos pide que demos la receta para pronunciar /v/ en inglés: pon los dientes superiores sobre el labio inferior (como si fueras a hacer una f), sopla y haz que vibren al mismo tiempo tus cuerdas vocales (pon la yema de un dedo sobre tu cuello para comprobar si vibran. Prueba, por ejemplo, a decir «baba» y «papa». ¡Sorpresa! Has descubierto una nueva parte de tu cuerpo que no sabías que podías mover conscientemente).

¿Por qué entonces mantenemos la distinción de las letras si solo tenemos un único sonido? Por la misma razón por la que hambre se escribe con hache: tradición. En latín parece ser que la letra uve representaba un sonido parecido al de w de what en inglés, una especie de u (nuestro departamento de fonetistas pedantes nos ha prohibido decir simplemente como una u), así que Ovidio y Julio César sí tenían razones para escribirla.

Sí, sería muy bonito, como ya intentó Gonzalo Correas, Korreas para los amigos, cambiar la ortografía para que reflejase fielmente lo que pronunciamos, pero entonces nos encontraríamos con un par de pequeños problemas: 1) tener que aguantar a los nostálgicos y 2) tener que cambiar tooodo el corpus de textos en español anteriores a la reforma para que nuestros descendientes, educados tras la reforma y por lo tanto inmunes a la nostalgia, pudiesen seguir leyendo El Quijote sin que les sangrasen los ojos. ¡Inercia! ¿Quién le habría dicho al pobre Uve que un post sobre él acabaría concluyendo con que es mejor no hacer una revolución, aunque fuese ortográfica? ¡Balientes betustos! 🙁

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